Estuve leyendo algunas cosas sobre Albert Hoffman. Comimos un ácido y tuvimos una muy grata experiencia. Quisiera que de mis manos surgieran miles de palabras para describir esto, pero no, no salen y creo que por ahora no saldrán. Una de las cosas mas interesantes que me pareció de lo que Hoffman decía, era acerca de este uso indiscriminado que se la ha dado al LSD. Cuando estábamos en el trip, decidimos que volveríamos a comer un ácido en otro contexto. Definitivamente es un expansor de la conciencia. Creo al igual que Hoffman y que muchos, que este tipo de drogas no debe ser utilizada con un fin meramente recreativo, sino como un medio para ser receptivos y completos. Hoy, tengo una sensación de libertad y de felicidad. Creamos un vinculo muy fuerte que nos hace sentir como mejores personas. Esta(ba)mos mas receptivos a aprender cosas, deseaba tener un instrumento y dejar salir todo en forma de música. Tuvimos un buen viaje. Verano del 2008.
Pasmada. Dicen mis amigas que así me ven. Pasmada, pienso. Quieta. Atónita. Estupefacta. Te quedaste como en pausa, me dicen. Han pasado 36 días desde que empezamos a encerrarnos. Han sido complejos, trastornados y trastornantes. Aprieto los dientes. Cuesta trabajo expresar tormentos. Duermo mucho. Duermo mal. Un agotamiento nos invade por horas. Se necesitarán vacaciones del encierro que no sabemos si un día termine del todo. Recién vamos conociendo una nueva forma de vida. Y de muerte. Ahí están los libros, los discos, los cuadernos en blanco listos para ser llenados. Ahí están los utensilios y los ingredientes listos para ser cocinados. Las telas que se pueden bordar. Los lienzos que se dejan acariciar por el pincel. Ahí están las rosas, abriéndose, en su majestuoso color, listas para ser retratadas. Tan basta nuestra posibilidad de producir algo, lo que sea, lo mínimo o lo máximo pero algo. Algo que nos haga sentir útiles, algo que nos deje en claro que estamos aquí para ...
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